Un juego para divertirse y aprender sobre la historia

El viernes nuestros estudiantes de quinto grado empezaron a jugar un verdadero juego de simulación, pero desenchufados de la virtualidad y con una finalidad pedagógica: “Los invitamos a jugar un juego de roles desde el área de Ciencias Sociales. Les presentamos la biografía de un personaje ficticio, que no existió en la realidad, pero que estuvo basado en hechos históricos. Podría haber estado situado en el momento de la Argentina criolla, que era el objeto de estudio”, explicó la morá Julia.


Los estudiantes armaron grupos y empezaron a debatir sobre las características de los personajes. Las tarjetas del juego, determinaban las características contextuales y el marco de las decisiones que el personaje puede tomar. “Los personajes tienen un problema y lo deben resolver. Son actores sociales de época: hubo un estanciero, peones de campo, un Cacique de una comunidad ancestral. Los chicos tienen que advertir los condicionantes económicos y políticos que atraviesan”, detalló la docente.


A partir del juego y del trabajo colectivo, se promueve el aprendizaje de conceptos como libre comercio, proteccionismo y diferencias entre Unitarios y Federales. “Como docentes fuimos pasando por los grupos para agregar elementos y que las decisiones tomadas en una primera instancia se vuelva a conversar”, contó la Morá.


En la próxima etapa del juego los chicos, a partir de las historias que armaron con la resolución de problemas de sus personajes, van a confeccionar un libro de historia. “Queremos que se entienda que la historia es una acumulación de decisiones, que fueron tomadas por personas con condicionantes”, comentó Julia.


Los alumnos se tomaron un momento para contar la experiencia.


“A mi grupo le tocó un señor que debía decidir si mandaba un ejército a Buenos Aires para que manden cosas a las Provincias o vender su mercadería a menor precio. Fue interesante y fuera de lo normal, muy divertido. Nos pusimos a decidir algo que podría pasar en la realidad”, expresó Maia. También comentó su trabajo Eloy, al que le tocó ponerse en la piel de un trabajador portuario. “Vino un señor que lo esperó en el bar y le dijo que si quemaba los productos que venían de Inglaterra le iban a dar 30 mil pesos. Nosotros pusimos que no. Nos negamos. Estuvo muy bueno”, recordó.


“A nosotros nos tocó un negociante del campo. Trabajaba cerca del puerto y le beneficiaba que lleguen productos de Inglaterra. Pero desde Santiago del Estero llegó otra persona y le pidió ayuda para negociar. Tuvo que elegir si se quedaba en el puerto o ayudar a otras provincias. Una de las pautas era que él era federalista, así que elegimos que el hombre ayude a las provincias”, contó Paloma, que además dijo que le gustó porque le “permitió pensar en problemas de tiempos pasados”.